domingo, 5 de mayo de 2024

El niño robado: W. B. Yeats



Foto: Bosque, Kilkenny




El niño robado


Donde  se hunden las montañas

Del bosque de Sleuth en el lago,

Allí está la isla frondosa

Donde las garzas al batir sus alas despiertan

A las adormiladas ratas de agua;

Allí escondíamos nuestras tinas de hadas,

Llenas de fresas

Y las más rojas cerezas robadas.

¡Ven, oh niño!

A la naturaleza y a las aguas

Con un hada, de la mano,

Porque el mundo está lleno de lágrimas

Más de lo que puedes comprender.

 

 

Donde el manto de la luna hace brillar

A las arenas opacas y grises con su luz,

Lejos del extremo de  Rosses

Caminamos toda la noche,

Entretejemos antiguas danzas,

Unimos manos y unimos miradas

Hasta que la luna huye,

Saltamos de aquí para allá

Persiguiendo burbujas de espuma,

Mientras que el mundo está colmado de problemas

Y duerme ansioso.

¡Ven, oh niño!

A la naturaleza y a las aguas

Con un hada, de la mano,

Porque el mundo está lleno de lágrimas

Más de lo que puedes comprender.

 

 

 

Donde el agua errante mana

De las colinas, detrás de Glen Car

Se precipita entre los juncos en charcos

Que apenas pueden bañar una estrella,

Buscamos truchas dormidas

Y les susurramos en los oídos

Les damos sueños inquietos;

Y nos inclinamos suavemente

Sobre los helechos que dejan caer sus lágrimas

en los jóvenes arroyos.

¡Ven, oh niño!

A lo salvaje y a las aguas

Con un hada, de la mano,

Porque el mundo está lleno de lágrimas

Más de lo que puedes comprender.

 

 

Con nosotras él se va,

El de ojos solemnes:

No escuchará más el mugido

De los terneros en la ladera cálida

O a la pava silbar en la estufa

Dándole  paz a su pecho,

Ni verá  al ratón marrón balancearse

en círculos en el cajón de avena.

Porque él viene, el niño,

A la naturaleza y a las aguas

Con un hada, de la mano,

De un mundo lleno de llanto,

Más  del que puede comprender


Versión: Marina Kohon

W.B. Yeats

The Stolen Child

 

WHERE dips the rocky highland
Of Sleuth Wood in the lake,
There lies a leafy island
Where flapping herons wake
The drowsy water-rats;
There we've hid our faery vats,
Full of berries
And of reddest stolen cherries.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you
can understand.

 

 

 


Where the wave of moonlight glosses
The dim grey sands with light,
Far off by furthest Rosses
We foot it all the night,
Weaving olden dances,
Mingling hands and mingling glances
Till the moon has taken flight;
To and fro we leap
And chase the frothy bubbles,
While the world is full of troubles
And is anxious in its sleep.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you
can understand.

 

 

 


Where the wandering water gushes
From the hills above Glen-Car,.
In pools among the rushes
That scarce could bathe a star,
We seek for slumbering trout
And whispering in their ears
Give them unquiet dreams;
Leaning softly out
From ferns that drop their tears
Over the young streams.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
For the world's more full of weeping than you
can understand.

 

 

 


Away with us he's going,
The solemn-eyed:
He'll hear no more the lowing
Of the calves on the warm hillside
Or the kettle on the hob
Sing peace into his breast,
Or see the brown mice bob
Round and round the oatmeal-chest.
For he comes, the human child,
To the waters and the wild
With a faery, hand in hand,
from a world more full of weeping than he
can understand.

 

.

miércoles, 1 de mayo de 2024

Juan José Delaney: fragmento de "El arpa y el océano"






 Ars Poética

... El sábado Teddy se levantó con gran entusiasmo. Tras pasar por el baño, fue a la cocina donde puso la pavita sobre el fuego y preparó el mate. Hacía todo esto mientras escuchaba las noticias. Tras dar cuenta de su criollo desayuno, encendió un cigarrillo mientras reflexionaba. Sus meditaciones no duraron mucho ya que estaba ansioso por ponerse a trabajar. Puso todo en orden, apagó la radio y se fue al cuarto donde estaban sus cosas.

Cerró la puerta y abrió la persiana que daba a la calle. Después levantó la tapa del armonio, tomó el sobre blanco y se ubicó en el escritorio. Abrió con cierta ansiedad la preciada entrega. Previsiblemente, dio con dos fojas abrochadas y numeradas. cada una de ellas contenía una serie de secuencias, párrafos y diálogos perfectamente dactilografiados por la Underwood que conocía. Optó por empezar a leer la foja número 1, la que, más allá de la tarea productiva, más lo divertía. Se trataba de la relación y, en los mejores casos, reproducción , de confesiones que el piadoso sacerdote había absuelto en su diaria tarea pastoral. Esas terribles palabras anónimas daban cuenta de miserias y mezquindades humanas, de falsedades e hipocresías, de infidelidades, trampas, engaños, traiciones y explícitas descripciones en las que pecadores y pecadoras detallaban cómo daban rienda suelta a sus más bajos instintos. Esas doce páginas de infames realizaciones constituían, así, la materia prima a partir de la cual el talento de Teddy las convertía en tangos que contribuían a nutrir la industria del espectáculo porteño, engrosando, consecuentemente, sus ansiosas arcas. El fajo número dos contenía relaciones más tenues y hasta naives. ¿Pecados veniales? Quizás, pero ciertamente no alcanzaban para crear los duros, bravos y contundentes tangos esperados, y, entonces, el genio popular de Teddy los convertía en valsecitos criollos en los que campeaba siempre el tono melancólico.

¿Cómo se inició el formal señor Eduardo O'Flaherty en esa subterránea actividad? Había elegido el café Las Orquídeas, a pocas cuadras de su casa, como escondite. Aunque no lo sabía al momento de la elección, pronto descubrió que estaba en un reducto de poetas, novelistas, periodistas, tangueros y, en fin, gente de la noche. Acaso por el común origen irlandés, trabó allí amistad con Julio Sanders. En el intercambio de experiencias de vida, pronto supo que era Sanders pianista y compositor. Más de una vez lo demostró allí mismo, en el piano del bar. Sanders, acaso conmovido por la vocación frustrada de Teddy que había querido ser autor de canciones populares, y más aún, por su endeble situación económica con la que debía llevar adelante a una familia numerosa, le confió la existencia de una actividad, casi secreta, que podía convenirle. O'Flaherty se enteró así de que empresarios, cantores y autores famosos compraban a compositores crotos sus producciones, sus derechos y sus silencios. "Pagan muy bien", había especificado Sanders. Agregó: "Se trata de un pacto entre caballeros y no se toleran falluteadas". En sucesivos encuentros, Teddy fue aprendiendo otras cuestiones como que la transacción se hacía mediante testaferros y que casi nunca podía saberse quién asumiría, finalmente, la autoría de la obra y qué cambios se habían permitido. "Yo no me ocupo ni hago eso. Pensá que soy el autor de ¡Adiós, Muchachos!- se jactó el pianista- pero si te interesa el asunto, puedo relacionarte con algún intermediario". Así fue como se inició Eduardo Teddy O'Flaherty en aquella activad creativa y clandestina.

Con el tiempo se enteró Teddy de que había nombres famosos entre los que participaban del asunto. Así, él mismo, sin saberlo, contribuía al prestigio de otros mediante su trabajo ancilar. En verdad, no se precisa seer detective para advertir, análisis estilístico mediante, que un mismo autor no podía ser el creador de piezas claramente dispares. En este sentido, alguna vez O'Flaherty escuchó probables nombres de apropiadores como el de uno de los Canaro y hasta el del mismísimo Gardel (no por las músicas que que él silbaba para instrumentistas que las transcribían sino por ciertas letras). Pero eran versiones provenientes de fuentes dudosas y, a fin de cuentas, a O'Flaherty no le importaban.

Cuando le contó todo esto a su hermano Willy, el prelado exclamó:"Todos los días escucho en el confesionario asuntos terribles con los que se podrían escribir tangos conmovedores. Si usted supiera...". Esta segunda revelación dio paso al suminstro regular- y también reservado- de textos correspondientes a culpas anónimas que inspiraron al letrista y compositor.

El primer intermediario al que Teddy conoció, precisamente, en Las Orquídeas, fue un tal "Orlando", hombre oscuro, reservado, enigmático pero con saberes suficientes como para evaluar allí mismo, café de por medio, la partitura y los versos que le ofrecían. "¿No ha registrado estas piezas a su nombre, verdad?", era la pregunta decisiva que significaba que las obras habían sido aprobadas por él. Teddy nunca olvidaría su primer encuentro y que, en su afán de impresionar, había arrancado con artillería gruesa. Así, los primeros tangos que ofreció fueron: El braguetazo, Fumadora y ¡Flor de turra! Aunque "Orlando" le compró esas primeras piezas, le pidió que bajara el tono de las letras...


El arpa y el océano, Juan José Delaney

Ed. El gato negro, 2022

sábado, 28 de octubre de 2023

Presentación de Shamrock, Antología de 15 poetas irlandeses

 El sábado 6 de octubre presenté Shamrock, antología editada por Espacio Hudson, junto a los escritores Eduardo Cormick y Juan José Delaney en el Club Fahy, mítico club irlandés con una lectura bilingüe. Luego hubo sesión de música irlandesa y buffet. Un par de fotos:









jueves, 27 de julio de 2023

Despidiendo a Sinéad O'Connor

















Ayer, 26 de julio de 2023, murió la cantante, música y compositora irlandesa Sinéad  O'Connor, ganadora de un Grammy. Muchos recordamos cuando en el programa Saturday Night Fever, al que concurrió como invitada el 3 de octubre de 1992, cantó a capella la canción War de Bob Marley y cambió la palabra "racismo" por "abuso de menores", luego rompió en pedazos una foto del Papa Juan Pablo II mientras miraba a la cámara y dijo "lucha contra el verdadero enemigo" (fight the real enemy) y arrojó los pedazos hacia la cámara. Luego de ese episodio fue abucheada en varios escenarios, hubo varias destrucciones públicas de sus discos y varias estaciones de radio se negaron a reproducir sus canciones.

Los 90s fueron años en los que se comenzaron a destapar los abusos dentro de la Iglesia Católica, y muchas personas en ese momento, no entendieron su denuncia. Ella fue mucho más que esa noche en el programa, fue una cantante dueña de una hermosísima y poderosa voz, autora de numerosos temas, y contribuciones musicales para el cine. Lanzó diez álbumes de estudio, muchos de ellos tuvieron éxito internacional, otros fueron disco de oro en Irlanda, el single "Nothing compares 2U" fue nombrado el tema número uno mundial en 1990 por los Billboard Music Awards. Se presentó en varios conciertos benéficos. 
Sinéad dijo: "Soy  frágil. No soy un cocodrilo de zoo". Su franqueza traspasó los cánones, denunció también el sexismo en la industria de la música, dijo lo que otros no se animaban en la red. Habló de su enfermedad mental, el trastorno bipolar.

El 2022 se llevó a su hjo Shane y los hilos que la sostenían, se debilitaron aún más. La profunda tristeza que vimos en el icónico video de Nada se compara a tí, las lágrimas que derramó son el símbolo de la integridad de Sinéad, de su incansable compromiso para defender las cosas en las que creía.

Acá va la letra de la canción que en el 2009 le escribió Kris Kristofferson. 
La tristeza por el mundo, la rebeldía, la profundidad y la valentía junto con la belleza de su voz es lo que nos deja, como un diamante raro, Sinéad, única.


Marina Kohon




I'm singing this song for my sister Sinead
Concerning the god awful mess that she made
When she told them her truth just as hard as she could
Her message profoundly was misunderstood

There's humans entrusted with guarding our gold
And humans in charge of the saving of souls
And humans responded all over the world
Condemning that bald headed brave little girl

And maybe she's crazy and maybe she ain't
But so was Picasso and so were the saints
And she's never been partial to shackles or chains
She's too old for breaking and too young to tame

It's askin' for trouble to stick out your neck
In terms of a target a big silhouette
But some candles flicker and some candles fade
And some burn as true as my sister Sinead

And maybe she's crazy and maybe she ain't
But so was Picasso and so were the saints
And she's never been partial to shackles or chains
She's too old for breaking and too young to tame.



domingo, 16 de julio de 2023

Paula Meehan: Cenizas



Cenizas


La marea avanza; la marea retrocede otra vez

lavando en la playa lo que la tormenta 

arrojó. Donde había rocas, hay arena hoy,

donde había arena ayer, hoy rocas desnudas.


Entonces pienso adónde habrán recalado 

sus restos mortales, en su forma trasmutada,

un año ya desde que fueron arrojados por mis manos

-queriendo parar el reloj inexorable.


Ella que murió por su propia mano, no puede saber

el amor simple que siento por las cosas que dejó atrás.

No pude salvarla. No pude ni siquiera 

tratar. Veo la furia con la que el viento sopla

la vida hacia la vela suelta: el

insistente alabeo contra la trama

empuja a la embarcación detenida hacia afuera.


Paula Meehan, From The Wake Forest Book of Irish Women's Poetry by Peggy O'Brien. 2012.

Versión: Marina Kohon


Ashes

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The tide comes in; the tide goes out again
washing the beach clear of what the storm
dumped. Where there were rocks, today there is sand;
where sand yesterday, now uncovered rocks.

So I think on where her mortal remains
might reach landfall in their transmuted forms,
a year now since I cast them from my hand
—wanting to stop the inexorable clock.

She who died by her own hand cannot know
the simple love I have for what she left
behind. I could not save her. I could not
even try. I watch the way the wind blows
life into slack sail: the stress of warp against weft
lifts the stalling craft, pushes it on out.

 

jueves, 6 de julio de 2023

Eduardo Cormick: Un relato de Las huellas del olvido

 





VENDIMIA AMARGA


Dejaremos esta casa. Cerraré el portón del taller y llevaré mis herramientas. Los

campos verdes y húmedos, las colinas floridas estarán sembradas de casas

fantasmales como ésta. Los vecinos también se irán, porque aquí sólo crece la

propiedad de los señores ingleses y el hambre de nuestras familias.

Cargaremos nuestros bienes en baúles y los llevaremos. No dejaremos nada que

podamos llevar con nosotros. No le deberemos nada a nadie. Mi oficio servirá allá

como fue útil acá, ya lo verás.

Usaremos la ropa que has cosido para nosotros y para los niños. Pronto tendremos

dinero suficiente para cambiar todos nuestros trajes por otros, nuevos y a la moda.

Ocuparemos asientos en el tren, comeremos un poco del budín que lleves en la

canasta. Preguntaremos a los vecinos del coche si también ellos van al puerto, si ellos

también van a embarcarse, mientras la locomotora bufa rumbo a Cork. Los niños

preguntarán cómo es un barco. ¿Cómo es un barco?

+++

Conoceremos el barco al llegar a puerto. Allí estará el Dresden esperándonos para

abordar. Treparemos la rampa tomados de la mano y escucharemos la voz que nos

indicará dónde deberemos ubicarnos. Tercera clase, nos dirá con voz aburrida.

Navegaremos veinte días y noches a través del mar. Veremos salir el sol y lo

veremos esconderse. La luna nacerá en el mar y se mezclará con las estrellas.

Cantarás baladas en las noches y los pasajeros harán los coros. Preguntaremos

también a nuestros camaradas de viaje qué saben de ese lugar al que viajaremos.

Nos mostrarán cartas de sus parientes, que contarán cómo se multiplican las ovejas

y que para atravesar un campo hay que viajar un día entero.

Dirán que al llegar al puerto de Buenos Aires nos estarán esperando para llevarnos a

unos campos hacia el norte, donde crecen las familias, los ganados y cultivos de

suizos y lombardos. Ahí, como ellos, sembraremos trigo; criaremos vacas, caballos,

ovejas. Seremos agricultores como nuestros abuelos y multiplicaremos, como ellos,

cereales y ganado.

Como cualquier pueblo, esa colonia agrícola necesitará un carpintero. Serán

cuatrocientas familias, cuatrocientas mesas con sus bancos. Serán cuatrocientas

camas, porque todos los esposos querrán tener su cama. Serán las camas para sus

hijos porque un día harán cama para ellos. Habrá que poner ventanas en las casas, y

puertas.

Nos ofrecerán cuarenta hectáreas para cada familia. ¿Cuántos acres son cuarenta

hectáreas? ¿Serán cien acres? ¿Quién de nosotros podría tener cien acres en nuestro

país? Todas nuestras cuentas serán distintas con cien acres. Nos darán bolsas de

semillas para la primera siembra, algunas cabezas de ganado que crecerá con nuestro

trabajo.

Llegaremos al puerto de Buenos Aires que nos recibirá con calor y humedad que

nadie podría aventurar como real. Nos arrinconarán en un galpón inmenso al que

llaman Hotel de Inmigrantes y nos informarán que serán otros los planes. Que ya no

iremos hacia el norte sino rumbo al sur, donde nos espera una colonia vitícola.

Cuatrocientas millas al sur. Será más lejos que ir de Cork a Derry, si alguien alguna

vez pensara en hacer ese viaje.

¿Qué habrá de los cien acres de tierra para cultivar? ¿Habrá semillas?

Nos visitará un caballero que dirá con entusiasmo que también es irlandés por parte

de madre; aunque nació en Boston eligió venir a esta tierra tan fecunda. Lo

acompañará una comisión de caballeros británicos que confirma que nos será dado

todo lo prometido, tal vez más: cada día, una ración de leche, un kilo de carne, pan,

harina, dos onzas de arroz, media onza de sal. Cada mes, dos kilos de jabón, cuatro

de un té que beben en esa tierra, un kilo de tabaco, ocho hojas de papel, tal vez café,

una onza de azúcar y leña para cocinar y darnos calor. ¿Quién necesitará leña si nos

pasamos transpirando día y noche?

Nos llevarán a una estación ferroviaria donde montaremos un tren que se parece al

nuestro; ya nos sentiremos un poco mejor. Todo comenzará a resultarnos familiar.

Nuestros hijos abrirán los ojos para tragarse cada metro de esos campos con un

horizonte que no se termina nunca. Las estaciones de ferrocarril serán como las de la

isla; pensamos que sólo falta que la gente hable nuestro idioma y cuando el guarda de

tren pasa a controlar los pasajes habla como nosotros. Habremos encontrado el lugar

en el que soñamos pasar nuestros días. Llegará la noche atravesando esa planicie

desnuda, en la que Dios no ha puesto un árbol y sólo el ferrocarril pone una estación

cada diez millas, rodeada de extensa nada.

Al amanecer, el padre Mathew descubrirá el comienzo de una suave ondulación del

terreno; en un punto increíblemente lejano una sombra azul crece contra el cielo y

llamará a eso Cura Malal. Nos reiremos. Serán raras las palabras que escuchemos en

estos nuevos días.

Nos apearemos en una de esas estaciones en medio de la planicie. Habrá un cartel

que nos dirá que estamos en Napostá; reiremos otra vez. Habremos llegado.

¿Habremos llegado?

Nos esperarán para llevarnos en unos carretones tirados por bueyes, marcharemos

por caminos que sólo verán los animales y el hombre que los conduce, silencioso

como un buey, en ondulantes colinas de arena. ¿Será como el desierto que les tocó

atravesar a José y María con el Niño? ¿Así será un desierto? Sabremos que no lo es

porque veremos a un lado la línea del ferrocarril. El señor norteamericano que

administra la colonia nos dirá que pronto tendremos una estación de ferrocarril para

nosotros, y que eso se llamará La Vitícola.

¿Quién de todos los que viajaremos en el tren hacia Napostá con su nombre tan

simpático, sobre las carretas hacia La Vitícola, sabrá cómo se cuida una vid?

+++

Agradeceremos por las tiendas para protegernos del sol del verano, la lluvia del otoño, el frío del invierno. Agradeceremos por las bolsas con comida. Preguntaremos cuándo llegarán las maderas para construir las casas; cuándo llegarán los animales para criar y los esquejes para implantar las vides. Preguntaremos cómo se cultiva la vid, y ¿cuándo nos darán los prometidos mil pesos?

Preguntaremos al padre Mathew por qué se irá; ¿dónde se irá? ¿Sudáfrica? Preguntaremos quién se ocupará de nosotros. Cuándo llegará alguien de aquella comisión británica que nos prometió tanto. Cuándo volveremos a ver a ese simpático caballero nacido en Boston. A quién preguntaremos, si no habrá nadie que nos visite en la colonia.

Buscaremos un lugar en el que sepultar a los niños que se nos morirán por el hambre y las diarreas. Buscaremos un camino para salir de allí de algún modo. Trataremos de caminar rumbo a la estación Napostá, porque la hermosa estación La Vitícola no tendrá jefe ni se detendrá un tren junto a sus andenes.

Caminaremos tal vez hacia el norte, donde creeremos que está Buenos Aires, o hacia el sur, donde están levantando, entre médanos y arroyos, una ciudad llamada Bahía Blanca.

Preguntaré a un hombre que pasará junto a nosotros en el camino cómo podré hacer para salir de este lugar maldito. Me mirará desde la altura de un enjaezado caballo negro, antes de decirme que sí, que este es el Huecuvú Mapú, el país del diablo, y echar a reír sobre el repentino galope del potro endemoniado.

Ya no me quedarán motivos para reír.


Las huellas del olvido. (Relatos). Buenos Aires, El Bien del Sauce edita, 2022, 150 pag.




domingo, 14 de mayo de 2023

Una visión: Robert Burns

 






Una visión

 

Me paré al lado de una torre sin techo

Donde las trepadoras perfuman el aire húmedo

Donde el búho se lamenta en su alcoba de hiedra,

Y le cuenta a la luna su pena

 

Los vientos estaban calmos, el aire quieto

Las estrellas chispeaban en el cielo

El zorro aullaba en la colina

Y el valle en distante eco respondía

 

El arroyo del sendero de avellanos

Corría por entre las ruinas

Presuroso por encontrarse con el Nith caudaloso 

Cuyo murmullo distante crecía a su paso

 

La fría ráfaga del norte empujaba

las luces, mientras silbaba un extraño clamor

Y a través del cielo nacían y se movían

Como la Fortuna a favor, teñidas de victoria.

 


Descuidadamente giré mi vista

Y bajo el rayo de luna temblando ví

A un severo y recio fantasma levantándose

En las ropas de un trovador.

 

Aunque yo hubiese sido una estatua de piedra

Su mirada osada me hubiera atemorizado

en su gorro se veía claramente

la sagrada flor de la: ¡Libertad!

 

Y de su arpa tales notas flotaron

Podrían haber despertado a los muertos;

Pero, ¡oh! Era una historia de pena

Una que en un oído británico nunca encontró eco.

 

 

Cantó con alegría sus días pasados,

Y lloró y lamentó los últimos tiempos;

Pero lo que dijo no era juego,

Y en mis versos le seré fiel.

 


 Robert Burns (1759-1796), Escocia

Versión: Marina Kohon

 


     A vision

 

As I stood by that  roofless tower,

Where the wa'flower scents the dewy air,

Where the awl mourns in her ivy bower,

And tells the midnight moon her care.



The winds were laid, the air was still,

The stars they shot along the sky;

The fox was howling on the hill,

And the distant echoing glens reply.



The stream, adown its hazelly path,

Was rushing by the ruin'd wa's,

Hasting to join the sweeping Nith,

Whose distant roaring swells and fa's.



The cold blae North was streaming forth

Her lights, wi' hissing, eerie din;

Athwart the lift they start and shift,

Like Fortune's favors, tint as win.



By heedless chance I turn'd mine eyes,

And, by the moonbeam, shook to see

A stern and stalwart ghost arise,

Attir'd as Minstrels wont to be.



Had I a statue been o' stane,

His daring look had daunted me;

And on his bonnet grav'd was plain,

The sacred posy-"Libertie!"



And from  his harp such strains did flow,

Might rous'd the slumb'ring Dead to hear;

But oh, it was a tale of woe,

As ever met a Briton's ear!



He sang wi' joy his former day,

He, weeping, wailed his latter times;

But what he said-it was no play,

I will not venture't in my rhymes.

 

 

 

lunes, 1 de mayo de 2023

Dos poemas de James Joyce


 





Solo

 

La red dorada grisácea del mediodía 

le forma a la noche un velo,

las lámparas costeras del lago dormido

siguen a los zarcillos de laburno.

 

Los pícaros juncos susurran a la noche

un nombre-su nombre-

y toda mi alma es un deleite,

un desmayo del pudor.




En la playa de Fontana



El viento golpea y golpea contra los guijarros

los locos postes del muelle crujen

un mar senil nombra a cada

piedra plateada por el limo.


Del aullido del viento, y del frío

mar gris lo protejo y envuelvo con calor

y toco su hombro delicado que tiembla

su brazo de niño.

 

Miedo alrededor nuestro, una descendiente

oscuridad de miedo por sobre nosotros

y en mi corazón qué profundo e interminable

¡Dolor de amor!



 Alone

The noon's greygolden meshes make
All night a veil,
The shorelamps in the sleeping lake
Laburnum tendrils trail.


The sly reeds whisper to the night
A name-- her name-
And all my soul is a delight,
A swoon of shame.


On the Beach at Fontana



Wind whines and whines the shingle,
The crazy pierstakes groan;
A senile sea numbers each single
Slimesilvered stone.


From whining wind and colder
Grey sea I wrap him warm
And touch his trembling fineboned shoulder
And boyish arm.

Around us fear, descending
Darkness of fear above
And in my heart how deep unending
Ache of love!