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sábado, 26 de noviembre de 2022

Cine: El Prodigio

Nueva película del chileno -pero nacido en Mendoza- Sebastián Lelio, situada en la zona rural de Irlanda en 1862, después de la Gran Hambruna.
Para seguir de cerca a una niña que parece no necesitar comer, contratan a una enfermera (Florence Pugh) y a una monja. El médico de la familia y el cura de la parroquia ya tienen una postura que muestra su sistema de creencias. También la familia de la niña. Las creencias y la necesidad que tenemos de historias, se entrelazan con muy buenas actuaciones.




domingo, 7 de agosto de 2022

La estatua de la Virgen de Granard habla

 






 

Puede ser amargo aquí en tiempos como estos,

el viento de noviembre soplando desde la frontera.

Sus semillas de hielo te hacen doler el alma.

El pueblo entero arropado seguro y soñando,

hasta las cosas salvajes se han escondido en la tierra, y yo

atascada aquí en esta gruta, sin ni siquiera

una estrella o planeta que alivie mi vigilia.

El aullido no parará. Los árboles

se retuercen en agonía como si fueran a liberarse

y despegar- viajeros fantasmas

en el viento que lleva indicios

de pueblos acuartelados, ciudades amuralladas, calles de guetos

donde los hombres se cazan unos a otros e invocan

los varios nombres de Dios como bendiciendo

sus estrategias muertas, sus maniobras nocturnas.

Más cerca de casa el viento pasa por

sobre lagos muertos. Escucho a los peces ahogarse.

Siento el gusto del agua estancada mezclada

con el humo de la turba de las granjas alrededor.

Me llaman Mary- Bendecida, Santa, Virgen.

Me unen al mito de un hombre crucificado:

el flagelo y la caída, y la caída otra vez,

la corona de espinas, el golpe del martillo en el hierro

en la muñeca y cadera, el sagrado corazón sangrante.

Me llaman Madre de todo este dolor

a pesar de no aparearme con un hombre mortal.

se arrodillan ante mí y sus plegarias

se elevan como chispas de una fogata

que arde un momento, luego se apaga.

Puede ser hermoso aquí a veces. La primavera,

verano temprano. Niñas en vestidos de comunión

rivales pálidas del desorden en los setos vivos

del perejil de las vacas y espinos en flor, el perfume

de cada acre de juncos que queda para el heno

cuando la luz oscila más, con el sol retirándose al norte.

O la gracia de un casamiento de mitad de verano

cuando la tierra misma llama a aparearse

y me liberaría de estas vestiduras tiesas,

totalmente azules, totalmente blancas, como si le hubiesen

robado sus colores al cielo de un niño. Mi ser

grita para ser reencarnado, reencarnado

manchada y despeinada en una cama suave.

Hasta un entierro de otoño puede tener su pompa.

Los setos cargados con el peso de la fruta

silvestre, endrina, baya, escaramujo; las nubes se desplazan

rápidamente hacia el este con el aroma de las peras, frutas caídas en 

secreto en los largos pastizales de las huertas, y algún alma vieja 

desciende a su piel. La muerte es justo otra cosecha

planeada para el juego de la estación.

Pero es en la noche de todos los Difuntos que no

hay respiro de la agudeza del viento.

No me asombraría si cada cuerpo viniera volando

desde el cementerio para unirse con exaltación al vendaval

una cacofonía de huesos implorándole el Juicio Final al cielo

y liberación de ser la consciencia del pueblo.

En una noche así recuerdo a la chica

que vino sólo con quince veranos,

y se echó en completa soledad a mis pies

sin partera o doctor o amiga que sostuviera su mano

y empujó su secreto hacia la noche,

lejos del pueblo arropado en pequeños escándalos,

afectado por regateos, palabras rotas, rezos, promesas,

y a pesar de que ella lloró agonizando

no me moví,

no levanté un dedo para ayudarla,

no intercedí ante el cielo

tampoco susurré la palabra sagrada en el oído de Dios.

En una noche como ésta cuento los días que faltan para el solsticio

y  para la vuelta de la luz.

Oh sol,

centro de nuestra estúpida danza,

ardiente corazón de piedra,

derretida madre de todos nosotros,

escúchame y ten piedad.



Paula Meehan

Trad: Marina Kohon


From Mysteries of the Home (2013) 

About the poem

As a young working-class girl growing up in inner-city Dublin one of Paula Meehan’s favourite images was that of the statue, in the Pro-Cathedral, of Stella Maris/Star of the Sea. The Virgin Mother stands upon a crescent moon, her head surrounded by stars. Many years later, Paula Meehan wrote this unsettling, powerful poem in response to a shocking event. In January 1984 a fifteen-year-old girl named Ann Lovett died giving birth, in secret, to her baby son, at the hillside grotto on the outskirts of her home town of Granard, Co. Longford. She was found by passersby but by then her baby boy was dead and she herself died later that day, 31 January, in hospital. A whole generation still remembers the name Ann Lovett and the awful heartbreak and loneliness associated with her story.

 


The Statue of the Virgin at Granard Speaks


It can be bitter here at times like this,
November wind sweeping across the border.
Its seeds of ice would cut you to the quick.
The whole town tucked up safe and dreaming,
even wild things gone to earth, and I
stuck up here in this grotto, without as much as
star or planet to ease my vigil.

The howling won’t let up. Trees
cavort in agony as if they would be free
and take off — ghost voyagers
on the wind that carries intimations
of garrison towns, walled cities, ghetto lanes
where men hunt each other and invoke
the various names of God as blessing
on their death tactics, their night manoeuvres.
Closer to home the wind sails over
dying lakes. I hear fish drowning.
I taste the stagnant water mingled
with turf smoke from outlying farms.

They call me Mary — Blessed, Holy, Virgin.
They fit me to a myth of a man crucified:
the scourging and the falling, and the falling again,
the thorny crown, the hammer blow of iron
into wrist and ankle, the sacred bleeding heart.
They name me Mother of all this grief
though mated to no mortal man.
They kneel before me and their prayers 

fly up like sparks from a bonfire
that blaze a moment, then wink out.

It can be lovely here at times. Springtime,
early summer. Girls in Communion frocks
pale rivals to the riot in the hedgerows
of cow parsley and haw blossom, the perfume
from every rushy acre that’s left for hay
when the light swings longer with the sun’s push north.

Or the grace of a midsummer wedding
when the earth herself calls out for coupling
and I would break loose of my stony robes,
pure blue, pure white, as if they had robbed
a child’s sky for their colour. My being
cries out to be incarnate, incarnate,
maculate and tousled in a honeyed bed.

Even an autumn burial can work its own pageantry.
The hedges heavy with the burden of fruiting
crab, sloe, berry, hip; clouds scud east
pear scented, windfalls secret in long
orchard grasses, and some old soul is lowered
to his kin. Death is just another harvest
scripted to the season’s play.

But on this All Souls’ Night there is
no respite from the keening of the wind.
I would not be amazed if every corpse came risen
from the graveyard to join in exaltation with the gale,
a cacophony of bone imploring sky for judgement
and release from being the conscience of the town.

On a night like this I remember the child
who came with fifteen summers to her name,
and she lay down alone at my feet
without midwife or doctor or friend to hold her hand
and she pushed her secret out into the night,
far from the town tucked up in little scandals,
bargains struck, words broken, prayers, promises,
and though she cried out to me in extremis
I did not move,
I didn’t lift a finger to help her,
I didn’t intercede with heaven,
nor whisper the charmed word in God’s ear.

On a night like this I number the days to the solstice
and the turn back to the light.
O sun,
centre of our foolish dance,
burning heart of stone,
molten mother of us all,
hear me and have pity.

 

 


miércoles, 3 de agosto de 2022

Rompe, rompe, rompe... Lord Alfred Tennyson

 







Rompe, rompe, rompe,

Sobre tus  frías piedras grises, ¡oh, Mar!

Quisiera que mi lengua pudiera pronunciar

Los pensamientos que crecen en mí.

 

¡Bien por el hijo del pescador

Que grita al jugar con su hermana!

¡Bien por el joven navegante,

Que canta en su bote en la bahía!

 

Y los majestuosos barcos pasan

Hacia su refugio bajo la colina;

Pero ¡Oh, por el roce de  una mano que se esfuma

Y por el sonido de una voz que se aquieta!

 

Rompe, rompe, rompe,

Al pie de tus peñascos, ¡Oh Mar!

Pero la tierna gracia del día que ha muerto

No volverá a mí jamás.


Lord Alfred tennyson 1809-1892

Versión: Marina Kohon

Nota de la traductora: Muchos se preguntarán con razón por qué he incluído a Tennyson en la sección celta de este blog, la razón es que la temática de muchos de sus poemas están ligados a lo celta, como su famoso Muerte de Arturo, y  La dama de Shalott, y además, por una cuestión de gusto personal de la que administra el blog.


Break, break, break …

 

Break, break, break,

On the cold gray stones, O Sea!

And I would that my tongue could utter

The thoughts that arise in me.

 

O well for the fisherman’s boy.

That he shouts with his sister at play!

O well for the sailor lad,

That he sings in his boat on the bay!

 

And the stately ships go on

To their haven under the hill;

But O for the touch of a vanish’d hand,

And the sound of a voice that is still!

 

Break, break, break,

At the foot of thy crags, O Sea!

But the tender grace of a day that is dead

Will never come back to me.



lunes, 1 de agosto de 2022

Imbolc: 1-2 de agosto en el Hemisferio Sur


Foto: Winter de Sandra Bartocha




 En la fecha de Imbolc los días ya son más largos y se ven las primeras señales de que el invierno se va retirando. Asoman los primeros brotes en la tierra, y las campanillas de invierno adornan jardines y bosques. Crecen las violetas y es tiempo de plantar bulbos.

Brighid, la diosa del fuego es la protectora de los niños, mujeres y animales, es la diosa a la que se le dedica esta fiesta. Es la que dirige su aliento cálido sobre la tierra para despertarla. Es también la responsable de fomentar los nuevos proyectos, por eso en esta fecha se suelen plantar semillas y bulbos como representación de áreas de nuestra vida que queremos que prosperen o crezcan. 

En la fiesta de Imbolc se celebra la renovación, el cambio dentro de nosotros y a nuestro alrededor. Honramos la chispa de la creación divina dentro de nosotros y obtenemos energía de  curación. También esta fiesta se asocia con los nacimientos de los primeros terneros y el inicio de la lactancia de las ovejas.

Santa Brígida es la versión cristianizada de la diosa irlandesa Brighid

La tierra oscura gesta la vida que va a surgir, por eso se honran sus momentos de poder oscuro, luego el crecimiento va a  ser sostenido en los cálidos y soleados meses de creatividad que siguen al invierno.

Una de las celebraciones más hermosas es la costumbre de poner velas en todas las ventanas de la casa, empezando la tarde de la víspera, dejándolas encendidas hasta el amanecer.

Además este día se utiliza para hacer todas las velas que se utilizarán durante los otros sabbats, también se hacen rituales de purificación y limpieza para la casa.

Correspondencias de Imbolc

  • Colores amarillo, naranja y blanco.
  • Nombres alternativos de esta festividad: Imbolc Brigantia, Candlemas, Lupercus, Candelaria, Disting, Oimelc, Dia de Brid, Brigit’s Day.
  • Aspecto de las divinidades: La Diosa en su aspecto de virgen y fertilizadora. El Dios, en su aspecto joven y de niño Sol.
  • Hierbas, flores e inciensos: salvia blanca, caléndula, limón, diente de león, semillas de azafrán, rosas, verbena, violeta, mirra, sangre de dragón, vainilla, canela.
  • Piedras; todas las piedras blancas y de colores cálidos. (Cuarzo blanco, citrino, turmalina amarilla, rubi, granate, zirconia, coral, ágata roja, topacio…)

Actividades de Imbolc

  • Hacer un circulo con velas.
  • Limpiar y purificar la casa.
  • Trenzar la cruz de Brigid.
  • Colocar tres semillas de trigo sobre la puerta principal como símbolo de la Diosa Triple y dejarlas hasta Ostara cuando deberán ser quemadas.
  • Encender una vela en cada abertura (ventanas, puertas) de la casa….o habitación. Se comienza con la puesta de sol del día de Imbolc y se deja hasta el amanecer del día siguiente.





lunes, 7 de febrero de 2022

La dama de Shalott


 




La dama de Shalott

 

A cada lado del río se extienden

largos campos de cebada y centeno

Que cubren la tierra y concluyen en el cielo,

Y a través del campo el camino corre

     Hacia la encumbrada Camelot;

Y la gente sube y baja,

Mirando a las lilas que se mecen

Alrededor de la isla allí abajo,

                     La isla de Shalott.

 

Los sauces palidecen, los álamos tiemblan,

Cae en sombras la brisa, se estremece y

          En las olas que recorren por siempre

La isla, por el río

          Fluye hacia Camelot.

 

Cuatro paredes grises, y cuatro torres grises

Encierran  un espacio de flores

Y la silenciosa isla guarda

   A la dama de Shalott.

 

En el margen, veladas por los sauces

Se deslizan las pesadas barcazas tiradas

Por caballos lentos;  y sin parar

Las chalupas se mueven  con sus velas de seda

                          Río abajo, hacia Camelot:

¿Pero quién la ha visto saludar?

¿O la han visto parada en la ventana?

¿O todos conocen en esta tierra

                            A la dama de Shalott?

 

Sólo los segadores que temprano van

Hacia los barbados maizales

Escuchan una canción que alegre se repite

Desde el río claro y serpenteante

               Hacia las torres de  Camelot

 

 

 

 

 

Y bajo la luna el segador agotado

Apila los fardos en las aireadas tierras altas

Al escuchar susurra: “Es el hada,

           la dama de Shalott”

 

 

Parte dos

 

Allí ella teje día y noche

Un tapiz mágico de alegres colores

Ha escuchado un susurro que dice

Que una maldición caerá sobre ella si

          Mira hacia Camelot

Ella no lo comprende,

Por eso teje incesante

Y a nada más se dedica

          La dama de Shalott.

 

Y en la mañana en el límpido espejo

Que todo el año delante de ella cuelga

Las sombras del mundo aparecen.

Allí ve ella el camino cerca

        Serpenteando hacia Camelot:

Allí el río se arremolina,

Y  los aldeanos hoscos y ordinarios,

Y las chicas de los mercados en capas rojas

         Pasan provenientes de  Shalott.

 

A veces un grupo de alegres damiselas

Un abad dando un paseo sin prisa

A veces un pastor joven, con rulos

O un paje de cabellos largos en ropas carmesí,

                    Van hacia las torres de  Camelot:

Y a veces a través del espejo azul

Los caballeros pasan cabalgando en pares:

Por eso no posee ningún leal y fiel caballero,

       La dama de Shalott

 

 

Pero en su tapiz ella encuentra placer

Al tejer las mágicas visiones del espejo

Porque a menudo en las noches silenciosas

Un funeral con penachos, luces

              Y música, se dirige a Camelot:

O cuando la luna está en lo alto

Pasan dos jóvenes recién casados;

Harta estoy ya de las sombras, dice

               La dama de Shalott.

 

 

 

Parte 3

 

A un tiro de flecha de distancia de su alcoba

Él cabalga entre los fardos de cebada

El sol encandilaba entre las hojas

Y brillaba entre las grebas de bronce

                          Del valiente Lancelot.

Un caballero se inclinaría por siempre

Ante una dama bajo la protección de su escudo

Que refulge en el campo dorado,

              Cercano al remoto Shalott.

 

 

La enjoyada brida suelta relucía,

Como un ramal de estrellas

Que colgaba en la galaxia dorada.

Las campanas de la brida alegres sonaban

                   Al cabalgar hacia Camelot:

Y desde su heráldico tahalí cruzado pendía

Un poderoso clarín  todo plateado

Y al cabalgar su armadura repicaba

                         Muy cerca de Shalott.

 

 

 

Bajo el azul y despejado cielo

Muy lujosa brillaba la montura

El yelmo y el penacho

Juntos como una sola llama ardían

                al cabalgar a Camelot.

Como sucede en la noche púrpura

Bajo los resplandecientes cúmulos de estrellas

Algún estelado meteoro, un cometa

                 Se mueve sobre la apacible Shalott.

 

 

Su  clara frente al sol resplandecía

En pulidos cascos trotaba su caballo

Por debajo de su yelmo flotaban

Oscuros como el carbón, sus cabellos ondulados

                Al cabalgar a Camelot.

Desde el banco y desde el río

Se reflejó su figura en el espejo

“Tirra lirra”  por el río

                Cantaba el caballero Lancelot.

 

Ella dejó el tapiz, dejó el telar,

Dio tres pasos en su alcoba

Vio su lirio de agua florecer

Vio el yelmo y el penacho

                    Al mirar hacia Camelot.

Soltó el tapiz y flotó extendido

De lado a lado se partió el espejo

Es la maldición sobre mí lloró

                            La dama de Shalott.

 

 

 

 

 

 

 

Parte 4

 

Al azote del tormentoso viento del este

Los pálidos bosques amarillos se inclinaban

El ancho caudal se quejaba en las riveras

Del pesado cielo la copiosa lluvia caía

                      Sobre las torres de Camelot.

Ella bajó y encontró una barca

Bajo un sauce flotando entre las aguas

Y alrededor de la proa escribió

                  La dama de Shalott.

 

 

Y en el sombrío remanso del río

Como una temeraria vidente en trance

Al comprender su infortunio

Con vidriosa expresión

                        Miró hacia Camelot.

Y al caer la tarde

La amarra soltó  y allí se tendió,

El ancho caudal lejos la llevó,

                       A la dama de Shalott.

 

 

Tendida, cubierta por telas níveas

Que hacia ambos lados ondeaban-

Las hojas sobre su luz apagada-

Con los sonidos de la noche

              Flotaba hacia Camelot.

Y al ir la proa a la deriva

Entre los campos y las colinas de sauces

La escucharon cantar su última canción,

               La dama de Shalott.

 

 

Oyeron un canto triste, sagrado,

Cantado fuerte, cantado bajo

 Hasta que su sangre se heló despacio

Y sus ojos en sombras quedaron

             Vueltos hacia las torres de  Camelot.

Porque antes de llegar con la marea

A la primera casa en la orilla

Cantando su canción murió,

            La dama de Shalott.

 

 

Bajo las torres y  balcones

Por las paredes de los jardines y galerías

Como una figura reluciente flotó

Entre las casas altas, con la palidez de la muerte,

              Silenciosa, por Camelot.

De los muelles salieron

Caballeros y burgueses, damas y señores,

Y alrededor de la proa su nombre leyeron,

         La dama de Shalott.

 

¿Quién es ella? ¿Y qué hace aquí?

Y en el cercano palacio iluminado

Se acalló el sonido de la realeza,

Y se persignaron por temor,

       Todos los caballeros de Camelot.

Quedó Lancelot pensativo por un rato

 y dijo, “Un rostro muy hermoso tiene,

Dios en su gloria se apiade,

         De la dama de Shalott.

 

 

 Alfred, Lord Tennyson

Everyman’s Poetry

Selected and edited by Michael Baron

University of London, 1996

Versión: Marina Kohon

 

Pintura: The Lady of Shalott, John William Waterhouse, 1888

   

The Lady of Shalott»

Part I

 

 

On either side the river lie
Long fields of barley and of rye,
That clothe the wold and meet the sky;
And thro’ the field the road runs by
             To many-towered Camelot;
And up and down the people go,
Gazing where the lilies blow
Round an island there below,
            The island of Shalott.

 

 

Willows whiten, aspens quiver,
Little breezes dusk and shiver
Thro’ the wave that runs for ever
By the island in the river
          Flowing down to Camelot.
Four gray walls, and four gray towers,
Overlook a space of flowers,
And the silent isle imbowers
          The Lady of Shalott.

 

 

 

 

 

 

 

 

By the margin, willow-veil’d,
Slide the heavy barges trail’d
By slow horses; and unhailed
The shallop flitteth silken-sail’d
            Skimming down to Camelot:
But who hath seen her wave her hand?
Or at the casement seen her stand?
Or is she known in all the land,
            The Lady of Shalott?

 

 

Only reapers, reaping early
In among the bearded barley,
Hear a song that echoes cheerly
From the river winding clearly,
           Down to tower’d Camelot:
And by the moon the reaper weary,
Piling sheaves in uplands airy,
Listening, whispers «‘Tis the fairy
          Lady of Shalott.»

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Part II

 

 

There she weaves by night and day
A magic web with colours gay.
She has heard a whisper say,
A curse is on her if she stay
           To look down to Camelot.
She knows not what the curse may be,
And so she weaveth steadily,
And little other care hath she,
           The Lady of Shalott.

 

 

And moving thro’ a mirror clear
That hangs before her all the year,
Shadows of the world appear.
There she sees the highway near
         Winding down to Camelot:
There the river eddy whirls,
And there the surly village-churls,
And the red cloaks of market girls,
         Pass onward from Shalott.

 

 

 

 

 

 

Sometimes a troop of damsels glad,
An abbot on an ambling pad,
Sometimes a curly shepherd-lad,
Or long-hair’d page in crimson clad,
            Goes by to towered Camelot;
And sometimes through the mirror blue
The knights come riding two and two:
She hath no loyal knight and true,
           The Lady of Shalott.

 

 

But in her web she still delights
To weave the mirror’s magic sights,
For often thro’ the silent nights
A funeral, with plumes and lights
               And music, went to Camelot:
Or when the moon was overhead,
Came two young lovers lately wed;
«I am half sick of shadows,» said
              The Lady of Shalott.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Part III

 

 

A bow-shot from her bower-eaves,
He rode between the barley-sheaves,
The sun came dazzling through the leaves,
And flamed upon the brazen greaves
              Of bold Sir Lancelot.
A red-cross knight for ever kneeled
To a lady in his shield,
That sparkled on the yellow field,
              Beside remote Shalott.

 

 

The gemmy bridle glitter’d free,
Like to some branch of stars we see
Hung in the golden Galaxy.
The bridle bells rang merrily
              As he rode down to Camelot:
And from his blazon’d baldric slung
A mighty silver bugle hung,
And as he rode his armour rung,
             Beside remote Shalott.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

All in the blue unclouded weather
Thick-jewell’d shone the saddle-leather,
The helmet and the helmet-feather
Burn’d like one burning flame together,
                As he rode down to Camelot.
As often through the purple night,
Below the starry clusters bright,
Some bearded meteor, trailing light,
                Moves over still Shalott.

 

 

His broad clear brow in sunlight glow’d;
On burnished hooves his war-horse trode;
From underneath his helmet flow’d
His coal-black curls as on he rode,
                 As he rode down to Camelot.
From the bank and from the river
He flashed into the crystal mirror,
«Tirra lirra,» by the river
                Sang Sir Lancelot.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

She left the web, she left the loom,
She made three paces thro’ the room,
She saw the water-lily bloom,
She saw the helmet and the plume,
           She look’d down to Camelot.
Out flew the web and floated wide;
The mirror crack’d from side to side;
«The curse is come upon me,» cried
          The Lady of Shalott.

 

 

 

Part IV

 

 

In the stormy east-wind straining,
The pale yellow woods were waning,
The broad stream in his banks complaining,
Heavily the low sky raining
          Over tower’d Camelot;
Down she came and found a boat
Beneath a willow left afloat,
And round about the prow she wrote
          The Lady of Shalott.

 

 

 

 

 

 

And down the river’s dim expanse,
Like some bold seër in a trance
Seeing all his own mischance–
With a glassy countenance
              Did she look to Camelot.
And at the closing of the day
She loosed the chain, and down she lay;
The broad stream bore her far away,
             The Lady of Shalott.

 

 

Lying, robed in snowy white
That loosely flew to left and right–
The leaves upon her falling light–
Thro’ the noises of the night
            She floated down to Camelot:
And as the boat-head wound along
The willowy hills and fields among,
They heard her singing her last song,
           The Lady of Shalott.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Heard a carol, mournful, holy,
Chanted loudly, chanted lowly,
Till her blood was frozen slowly,
And her eyes were darken’d wholly,
                Turn’d to towered Camelot.
For ere she reached upon the tide
The first house by the water-side,
Singing in her song she died,
                The Lady of Shalott.

 

 

Under tower and balcony,
By garden-wall and gallery,
A gleaming shape she floated by,
Dead-pale between the houses high,
           Silent into Camelot.
Out upon the wharfs they came,
Knight and burgher, lord and dame,
And round the prow they read her name,
          The Lady of Shalott.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Who is this? and what is here?
And in the lighted palace near
Died the sound of royal cheer;
And they cross’d themselves for fear,
             All the knights at Camelot:
But Lancelot mused a little space;
He said, «She has a lovely face;
God in his mercy lend her grace,
            The Lady of Shalott.








William Maw Egley, The Lady of Shalott, 1858




Walter Crane, The Lady of Shalott, 1862.





Arthur Hughes, The Lady of Shalott, 1873.